



José Ramón Obeso
Cita: Obeso, J. R. 2022. Treparriscos Tichodroma muraria. En, B. Molina, A. Nebreda, A. R. Muñoz, J. Seoane, R. Real, J. Bustamante y J. C. del Moral: III Atlas de las aves en época de reproducción en España. SEO/BirdLife. Madrid. https://atlasaves.seo.org/ave/treparriscos/
El treparriscos es una especie de distribución paleomontana que aparece en las montañas de latitudes medias en el eje que va desde la cordillera Cantábrica hasta el Himalaya (Löhrl y Wilson, 2008). Es un especialista que utiliza los roquedos, tanto paredes verticales como derrubios de ladera, pero siempre inmersos en grandes superficies de roquedo con relieves muy abruptos. Aunque es ave de zonas montañosas y sus mayores densidades aparecen en las zonas más elevadas, también se presenta a baja altitud dentro de los sistemas montañosos, en gargantas y desfiladeros (Cramp y Perrins, 1993). En España aparece en dos áreas disjuntas: cordillera Cantábrica y los Pirineos. Aunque puede utilizar todo tipo de sustratos, su preferencia por el sustrato calizo (Hernández et al., 1993, García y Vigil-Morán, 2014) hace que su presencia sea más habitual en el Pirineo central y en la parte más oriental de la Cantábrica (desde Picos de Europa y su entorno hasta Somiedo).
Dentro de la dinámica de colonización-extinción que se produce en las cuadrículas prospectadas, cuando se comparan los dos periodos las colonizaciones o nuevas presencias (N = 20) superan a las extinciones o desapariciones (N = 12). No obstante, debe considerarse el reducido tamaño de muestra ya que la presencia continuada solo se registró en 22 cuadrículas de las comparadas.
El escaso tamaño de muestra disponible puede ser atribuido a que es un especialista de hábitat de difícil acceso, lo que, unido a su la escasa densidad, dificulta su detectabilidad. Además de las dificultades de acceso a una buena parte de su hábitat (desfiladeros profundos, paredes verticales en áreas de alta montaña), debe tenerse en cuenta que las especies raras son más sensibles a variaciones en la detectabilidad, tanto entre años como dentro de estación reproductora (Kéry et al., 2010). Por ello, aunque el aumento del área de ocupación ha resultado del 24% entre este atlas y el previo (Martí y Del Moral, 2003), no debe considerarse una expansión de la especie puesto que se trata únicamente de ocho cuadrículas. En tanto no se disponga de información más exhaustiva debe considerarse que la población se mantiene estable.


II Atlas (distribución 1998-2002)
III Atlas (distribución 2014-2018)
Comparación entre la distribución observada del II Atlas (1998-2002) y del III Atlas (2014-2018).
Observed distribution in Atlas II (1998-2002) and Atlas III (2014-2018) compared.
El modelo que considera la distribución del hábitat favorable amplía considerablemente su área de distribución potencial. Las variables clave son la altitud (y las variables climáticas asociadas) y la rugosidad del terreno, particularmente importante en zonas elevadas y con pareces rocosas. Esta consideración incluye como hábitat favorable otros sistemas montañosos ibéricos como el sistema Central, el Ibérico y Sierra Nevada. Sin embargo, cuando se incluyen otras variables igualmente importantes como el tamaño del área favorable y su aislamiento se genera un modelo de probabilidad de presencia muy ajustado al mapa de distribución actual. La extensión del área favorable puede ser particularmente determinante en poblaciones que tienen una densidad muy baja, como en este caso.


Invierno (2007-2010)
Época de reproducción (2014-2018)
Comparación entre los modelos de probabilidad del I Atlas de Invierno (2007-2010; SEO/BirdLife, 2012) y en época de reproducción (2014-2018).
Probability models of Winter Atlas I (2007-2010; SEO/BirdLife, 2012) and the breeding season (2014-2018) compared.
Fuera de la época de cría se producen desplazamientos a los fondos de los valles, así como desplazamientos a larga distancia, probablemente más relacionados con fenómenos de dispersión. Estos movimientos hacen que aparezcan aves en prácticamente todas las áreas rocosas de la península. Aunque las observaciones de los inviernos 2007-2010 registradas para el I Atlas de invierno en España no son muy numerosas, las citas publicadas en la revista Ardeola para ese mismo periodo son numerosas en Extremadura, Andalucía, Murcia, Jaén (González y Aymerich en SEO/BirdLife, 2012), también en ese periodo, aparecen amplias zonas de invernada en el sistema Ibérico, la parte occidental del sistema Central y la Penibética. La recopilación más antigua de Hernández et al. (1992), pone de manifiesto su distribución invernal por amplias zonas de la península ibérica, época en la que llega a aparecer incluso en construcciones humanas.


Invierno (2007-2010)
Época de reproducción (2014-2018)
Comparación entre los modelos de probabilidad del I Atlas de Invierno (2007-2010; SEO/BirdLife, 2012) y en época de reproducción (2014-2018).
Probability models of Winter Atlas I (2007-2010; SEO/BirdLife, 2012) and the breeding season (2014-2018) compared.
Considerando que esta especie está especializada para vivir en un hábitat muy determinado y que la densidad estimada en su hábitat es muy baja, con valores que van desde 0,12 a 0,65 individuos por 10 ha (Antor, 1992; Jubete, 1997; Aymerich et al., 2012; Falagán y Arroyo, 2013; García y Vigil-Morán, 2014; Gil y Pérez, 2015), la población ibérica tiene que ser necesariamente poco numerosa.
Aymerich et al. (2012), que estimaron de forma precisa un mínimo 65 territorios en Cataluña, argumentan que la población española calculada por Hernández (1997) estaba claramente sobrestimada y propusieron entre 1.000 y 2.000 parejas para toda la península ibérica. Esas estimas se han visto confirmadas por las posteriores de Gil y Pérez (2015), que calcularon entre 595 y 704 territorios en el Pirineo aragonés. Para la cordillera Cantábrica la información es incompleta, está sin publicar y no ha sido analizada con precisión, pero podrían estimarse entre 50 y 100 territorios. En conclusión, puede proponerse que, para toda España, el número de territorios oscilaría entre algo más de 600 y casi 900 y la población de reproductores entre 1.200 y 1.800 individuos.
Como ya se ha indicado, la baja densidad de esta especie no ha permitido, por el momento, la realización de comparaciones temporales ajustadas. Por tanto, los cambios en las áreas de distribución y ocupación deberían constituir la mejor aproximación a la evolución de las poblaciones; sin embargo, esta información aún es escasa y no permite extraer conclusiones, ya que el aumento del área de ocupación del 24% probablemente es un artefacto derivado del pequeño tamaño de muestra.
Los modelos que consideran los cambios de área de distribución como consecuencia del cambio climático prevén una reducción de área de distribución de las aves alpinas en general, siendo el treparriscos la especie menos afectada, con una pérdida estimada del 1% al 3% bajo los escenarios de emisiones RPC 2.6 y RPC 4.5 respectivamente para el periodo 2041-2060 (De Gabriel Hernando et al., 2021).
El treparriscos es un especialista que utiliza hábitat con extensos terrenos rocosos muy abruptos que van desde desfiladeros y cañones a paredes verticales, así como derrubios de ladera de tamaños diversos (desde gleras a grandes bloques). La altitud óptima en los Pirineos centrales está entre 1.900 y 2.900 m s.n.m. (Aymerich et al., 2012) y en la Cantábrica de 1.500 a 2.400 m s.n.m (García y Vigil-Morán, 2014). Sin embargo, la altitud no parece tan determinante como la extensión de la superficie rocosa, ya que tanto en Alpes como en los Cárpatos aparece desde los 500 m s.n.m., aproximadamente, y en los Pirineos y cordillera Cantábrica hay nidos desde los 700 m de altitud, aproximadamente. Sí parece más importante la extensión del hábitat favorable ya que la extensión del territorio es particularmente grande para el tamaño de esta especie. Manifiesta clara preferencia por los sustratos calizos, donde aparecen el 82% de las observaciones en época reproductora en los Pirineos (Hernández et al., 1993), y el 100% en Cárpatos (Saniga, 2004) y la cordillera Cantábrica (Falagán y Arroyo, 2013; García y Vigil-Morán, 2014).
Esta preferencia se debe al tipo de grietas que aparecen en la caliza que propicia lugares de nidificación y dormideros, así como lugares en los que puede instalarse vegetación que sustenta las comunidades de artrópodos que constituyen parte de su dieta (Löhrl y Wilson, 2008). Esta dieta se complementa con artrópodos que son arrastrados por el viento desde zonas bajas (Pedrocchi-Renault et al., 2007), así como los que aparecen en el borde de neveros (Antor, 1992).
El hábitat del treparriscos, por su propia naturaleza, está poco sujeto a cambios derivados de la actividad humana. Las canteras de caliza no se establecen a grandes altitudes ya que existe disponibilidad a menor altitud. Sin embargo, la actividad minera sí ha tenido un impacto importante en el pasado en Picos de Europa, afectando a grandes extensiones de roquedo. Se han propuesto como posibles amenazas la escalada deportiva (Lörhl y Wilson, 2008) y el cambio climático (De Gabriel Hernando et al., 2021). No obstante, debe analizarse con más detalle la afección derivada de estas actividades. La escalada deportiva se circunscribe a las vías establecidas, que suponen una fracción mínima del hábitat óptimo disponible. La tendencia actual de limpieza de las vías, de piedras y vegetación, podría afectar a la comunidad de artrópodos de los que se alimenta.
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SEO/BirdLife 2012. Atlas de las aves en invierno en España 2007-2010. Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente-SEO/BirdLife. Madrid.